Escribir había devenido en un inquilino amable sin antecedentes. De un futuro sin cartas, ni gitanas. Un amigo casual con el que pasas horas conversando y fumando en un café o a la orilla del mar, intentando encontrar una sola puta gaviota que cumpla con los mismos sueños de Juan Salvador, para no sentirte solo, y cagándote de la risa con tu locura porque sabes que eso es imposible y tú eres el único cojudo que se cree uno de esos.
Las teclas nunca me habían acercado tanto al misterio de mi propia existencia. Ese galope suave y ligero que acompasaba mis reflexiones o se empotraba al igual que mis frustrados fracasos contra mis lágrimas. Nunca pensé ser uno de esos ilusos que con tinta podían hacerle el amor a un papel, mejor aún, que el papel y la tinta podían hacerme el amor a mí y dejarme tan extasiada que publicarlo sería un verdadero crimen, una traición a la intimidad de ese momento.
No soy escritora. Lo dije bien. Ni pretendo serlo. Pero sí me entrego ocasionalmente a los mares de un arte que aún no comprendo, y que quizá por eso es que me deja anonadada cuando me sumerjo en él y dejo que me arrastre, me hunda y a su tiempo me lleve a flote y me acueste en la orilla para despertarme con el alba de mi creación. Pero siempre dejándome sola en la cama.. Así es ése hechicero.
Quizá sea pasajero me dije..
Eso tampoco lo sé. Escribo desde los... 12 años. Pero para mí el punto de inicio es aquel en el que dejas el roche por lo que escribiste y decides "salir del closet", y creo que nada tiene que ver con que dejes que otros lo lean para ver si les gusta. Eso importa mierda. Es cuando decides que tú amas lo que eres plasmado en ese papel. Cuando los párrafos que te desnudaron mientras escribías te dibujan tal cual eres mientras los lees. Y amas lo que lees porque reconoces la autenticidad y la escencia de lo que combates a diario; ese ser inconforme con su realidad y su miseria. Esa inconformidad que siempre empujará a tu mano al cortejo perenne con el abecedario.
Un día el amor aprendió a escribir. Luego sus lágrimas borraban algunas letras, componían canciones, se sosegaban en ensayos de poesía. El amor renunció a ser leído y escuchado. Cuando la tristeza fue la única pluma en mi mano esto empezó a perder el sentido.
Escribí nunca pensando que habría un futuro en ello. Por eso escribo en un blog. Un blog que hoy muere para darle vida a nuevos proyectos. Cierro este blog con cierta dualidad de satisfacción e insatisfacción de saber que nunca ninguno de sus lectores entendió finalmente lo que escribí ni supieron por quién o porqué escribí. Y sabiendo que las críticas más duras no fueron hacia mi gramática ni hacia mi capacidad literaria, sino hacia lo que soy y plasmé en esas líneas. No lo cierro por ser un blog muy "corta venas con galleta de soda" ni quiero cagar este post con un resumen de gratitud hacia "mis" lectores porque sé que ahí estarán y por ahí nos encontraremos. Dejo dos posts antiguos que hablan por sí solos y solo ellos entienden por qué se quedan y por qué hoy los reitero.
A veces las cosas se acaban porque les llega el momento. Simplemente es así. Aunque uno no quiera, toca pararse y seguir.
Las teclas nunca me habían acercado tanto al misterio de mi propia existencia. Ese galope suave y ligero que acompasaba mis reflexiones o se empotraba al igual que mis frustrados fracasos contra mis lágrimas. Nunca pensé ser uno de esos ilusos que con tinta podían hacerle el amor a un papel, mejor aún, que el papel y la tinta podían hacerme el amor a mí y dejarme tan extasiada que publicarlo sería un verdadero crimen, una traición a la intimidad de ese momento.
No soy escritora. Lo dije bien. Ni pretendo serlo. Pero sí me entrego ocasionalmente a los mares de un arte que aún no comprendo, y que quizá por eso es que me deja anonadada cuando me sumerjo en él y dejo que me arrastre, me hunda y a su tiempo me lleve a flote y me acueste en la orilla para despertarme con el alba de mi creación. Pero siempre dejándome sola en la cama.. Así es ése hechicero.
Quizá sea pasajero me dije..
Eso tampoco lo sé. Escribo desde los... 12 años. Pero para mí el punto de inicio es aquel en el que dejas el roche por lo que escribiste y decides "salir del closet", y creo que nada tiene que ver con que dejes que otros lo lean para ver si les gusta. Eso importa mierda. Es cuando decides que tú amas lo que eres plasmado en ese papel. Cuando los párrafos que te desnudaron mientras escribías te dibujan tal cual eres mientras los lees. Y amas lo que lees porque reconoces la autenticidad y la escencia de lo que combates a diario; ese ser inconforme con su realidad y su miseria. Esa inconformidad que siempre empujará a tu mano al cortejo perenne con el abecedario.
Un día el amor aprendió a escribir. Luego sus lágrimas borraban algunas letras, componían canciones, se sosegaban en ensayos de poesía. El amor renunció a ser leído y escuchado. Cuando la tristeza fue la única pluma en mi mano esto empezó a perder el sentido.
Escribí nunca pensando que habría un futuro en ello. Por eso escribo en un blog. Un blog que hoy muere para darle vida a nuevos proyectos. Cierro este blog con cierta dualidad de satisfacción e insatisfacción de saber que nunca ninguno de sus lectores entendió finalmente lo que escribí ni supieron por quién o porqué escribí. Y sabiendo que las críticas más duras no fueron hacia mi gramática ni hacia mi capacidad literaria, sino hacia lo que soy y plasmé en esas líneas. No lo cierro por ser un blog muy "corta venas con galleta de soda" ni quiero cagar este post con un resumen de gratitud hacia "mis" lectores porque sé que ahí estarán y por ahí nos encontraremos. Dejo dos posts antiguos que hablan por sí solos y solo ellos entienden por qué se quedan y por qué hoy los reitero.
A veces las cosas se acaban porque les llega el momento. Simplemente es así. Aunque uno no quiera, toca pararse y seguir.
Ha llegado el momento. Escribir ahora toma sus trastes y sigue su rumbo. Se despide con un beso en la frente y me deja en las manos la taza aún tibia del café que le serví. Como para recordarme lo que fuimos y lo que aún podemos ser. Con ese beso se marcha y sólo me dice "Hasta pronto".
No siempre las despedidas son tristes, podemos irnos cantando....
No siempre las despedidas son tristes, podemos irnos cantando....







